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miércoles, 8 de diciembre de 2021

Arcos



ARCOS



         Santa María de Arcos es una pequeña parroquia de 180 habitantes, situada al norte de O Carballiño. 
Plaza en la que se celebra el 15 de agosto la fiesta de Santa María
        Arcos se ha hecho famoso, porque muchos de sus habitantes, pulpeiros, han participado en extender el consumo del "pulpo a feira".


       Antaño, se llegaba a Arcos por un ramal de la carretera de Cea, célebre por su pan, el único en Galicia con denominación de origen.


        Dicho ramal torcía a la izquierda, a la altura de la fábrica de maderas de Los Mansos
          En enero de 1962, el Ayuntamiento de Carballiño  inicia los trámites legales para incorporar las parroquias de Arcos y Mesiego: "Por composición urbana de sus construcciones".


Acta del Pleno Ordinario de enero de 1962. 
     
            Y se le asigna, posteriormente, un alcalde pedáneo.

Acta del Pleno extraordinario de noviembre de 1962.

          Los orígenes de la industria del pulpo en Arcos, como ocurre siempre, no fueron fáciles. Los primeros pulpeiros de desplazaban en carro tirado por mulas. Luego, para ir de feria en feria y de fiesta en fiesta,  utilizaban los servicios de los transportistas de O Carballiño, donde llevaban la caldera, el pulpo, los platos, los condimentos y, si se podía, la leña. Si no, tenían que adquirirla in situ. La adquisición de un vehículo propio se hizo posible alrededor de los años sesenta. Este hecho y la posterior utilización de quemadores de gas simplificó su trabajo.


         
Si la feria pintaba mal y no se vendía el pulpo que se había cocido, lo liquidaban entre los feriantes o puerta por puerta. Si no, al volver a casa, los vecinos y conocidos de los barrios de Raparíz y Framia les compraban los rabos y las cabezas que les quedaban. De no ser así, los tenían que tirar. No había entonces cámaras frigoríficas.

         El tratamiento del cefalópodo resultaba penoso. Había que lavarlo a mano y mazarlo para enternecerlo. Como no había cámaras de congelación, el pulpo, para conservarlo, se colgaba y se secaba al aire libre, para disgusto de los vecinos no pulpeiros que tenían que aguantar el cheiro fétido que desprendía los bichos al secarse.


         Pero como no hay mal que mil años dure, cambiaron las tornas y ya conocemos (lo decimos con satisfacción) el éxito actual de dicho cefalópodo y la pujanza de muchas de las familias que se dedican a ello.


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